Caridad Inmaculada

Actualmente...: En Hueco Mundo
Pan de hoy: sleepy
Headbangeando: Lascia ch'io pianga - Georg Friedrich Händel
Autor:
nocturn_dracum
Fandom: Bleach
Claim: General
Tabla: Tabla Virtudes
Número: # 1 Caridad
Advertencias: Ninguna
Disclaimer: Bleach no me pertenece.
Título de la historia: Caridad Inmaculada
El vacío parecía tener cabida en aquella habitación acogida por frías sombras que inmóviles en todo momento se encontraban. Sus ojos reflejaban en aquél instante los débiles destellos que aquella luna casi etérea emitía. Sus retinas retenían la impávida estampa que presentaban las dunas de arena blanca que conformaban todo el exterior de Las Noches. Ni una mísera brisa perturbaba el estado de éstas. En el cielo ella no pudo ver ninguna alteración. Le parecía tan gélido, hueco y distante como siempre; una extensa masa inconclusa en la cual tan sólo la negrura se devoraba a sí misma como hambrienta serpiente que deseaba morderse su propia cola.
Entrelazó sus manos en un gesto de nerviosismo a la misma par que sus ojos se cerraban con fuerza. Hacía ya cierto tiempo que llevaba como una extraña prisionera en Hueco Mundo, aunque aquél Espada siempre le decía que ella era una huésped. Mentía, y Orihime lo sabía. Trataban de ser corteses, pero ella siempre encontraba el repudio impreso en los ojos de la mayoría de aquellos con los que tenía la mala fortuna de toparse. Sin embargo, no los odiaba.
Esa había sido su elección. Se había dejado apresar, yendo directamente hacia la trampa que Aizen le había tendido con el único fin de poder salvar a los demás del sufrimiento; lo hacía por él: por Kurosaki Ichigo. Y esperaba que en realidad no fuera a rescatarla. ¿Qué sentido tendría si no su sacrificio? Ella era la única que tenía la oportunidad de acercarse a Aizen y, como consecuencia, al Hogyoku. Ella había de ser la que destruyera aquél maldito artefacto que había producido tanto dolor.
Unas débiles lágrimas se deslizaron de sus ojos hacia el suelo embaldosado que las acogió con esperada indiferencia. La chica era consciente de todo se había sucedido por su culpa, por no haber sido más fuerte. Ella no era más que un estorbo para sus amigos en la batalla. Esperaba, que al estar lejos de ellos, al fin pudieran haber encontrado la paz que necesitaban.
No le importaba tener que vivir eternamente como prisionera en aquél hueco lugar; aceptaba la idea de sacrificarse por llevar la tranquilidad hacia los que no la habían conocido como se merecían. Era lo menos que podía ofrecer después de todo lo que ellos habían hecho por ella.
Sus manos, firmes, se alzaron para limpiar las lágrimas de sus ojos. No iba a continuar llorando, no se dejaría intimidar. La mente entonces nublada de Orihime se había esclarecido tanto como un límpido cristal. Su resolución había trabajado rápido: tenía que evitar el conflicto que parecía estar predestinado para dentro de unas pocas semanas; por la tierna caridad que habitaba en su interior.
¡Muchas gracias por leer!




